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Hipomenes y Atalanta

'Hipomenes y Atalanta', de Guido Reni


¿Por qué son leones y no caballos quienes tiran del carro de Cibeles?

Atalanta era una joven griega a quien el oráculo había vaticinado grandes desgracias -cosa rara en un oráculo- si contraía matrimonio. La doncella perdió por ello el poco interés que tenía por casarse y se dedicó a lo que más le gustaba: la caza. Como era una mujer muy hermosa y pretendida por multitud de hombres, se le ocurrió proclamar que cualquier hombre que aspirase a desposarla debía competir con ella en una carrera. Si ganaba, conseguiría su mano. Si perdía, ella misma se encargaría de darles muerte. Aunque cualquier persona en sus cabales se hubiera mantenido alejada de semejante psicópata, parece ser que muchos jóvenes griegos con especial desapego a sus vidas buscaron suerte y encontraron... el final de su lanza.

Para desgracia de Atalanta y regocijo del oráculo, uno de ellos ganó la carrera. Hipomenes, el muchacho en cuestión, había pedido ayuda a Afrodita, quien le había entregado tres manzanas de oro del jardín de las Hespérides. Siguiendo el consejo de la diosa, Hipomenes arrojó uno a uno los tres frutos durante la competición, provocando que Atalanta se detuviera a recogerlos y llegara después que él a la meta. Hipomenes era listo y consiguió a su amada, pero no lo suficiente, porque se le olvidó agradecer a la diosa del amor el favor que le había concedido. Y las diosas suelen tener un pronto muy malo.

Afrodita, que era especialmente retorcida, encendió la pasión de los dos amantes cuando pasaban junto a un templo de Cibeles, excitándolos de tal forma que no pudieron sino satisfacerlo allí, en las mismas narices de la diosa. El castigo por profanar el suelo sagrado no se hizo esperar, y Cibeles apareció enfurecida, los convirtió en leones y los unció a su carro por toda la eternidad.


«Los hombros se convierten en paletillas, todo el peso se carga
en el pecho y con la cola barren la superficie de la arena.
En su rostro hay ira, en vez de palabras lanzan rugidos,
en vez de casas habitan la selva y, leones temibles para los demás,
muerden con sus dientes domeñados los frenos de Cibeles.»

Ovidio, Metamorfosis, Libro X. Canción de Orfeo: Hipómenes y Atalanta


Créditos | Hipomenes y Atalanta, Guido Reni. Fuente: Wikimedia Commons

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2 comentarios:

Blogger Jac dijo...

Muy bueno!! Me alegro de que nos cuentes estas historias PiradaPerdida. Espero con impaciencia que nos cuentes algo sobre Neptuno o tu proxima entrada en el blog, sea cual sea.

5 de mayo de 2005, 16:58  
Blogger piradaperdida dijo...

eres muy amable, Jac, me apunto la sugerencia para un futuro... ¿cercano?

5 de mayo de 2005, 17:04  

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