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Los hermanos Machado en Madrid

Los hermanos Antonio y Manuel Machado son conocidos por ser dos de los literatos más ilustres que dio a las letras españolas el siglo XIX, máximos exponentes de la Generación del 98 y el Modernismo. Aunque no se les suele relacionar con Madrid, residieron muchos años en esta ciudad, y sus vivencias en ella resultaron decisivas para la vida y obra de ambos.

Nacidos en Sevilla, su niñez transcurriría junto a aquel inmortal limonero en el Palacio de las Dueñas. Sin embargo, cuando Manuel y Antonio apenas cuentan 8 y 9 años de edad respectivamente, la familia entera ha de trasladarse a la capital al ser nombrado su abuelo profesor de la Universidad Central de Madrid. Aquí completarían sus estudios en la célebre Institución Libre de Enseñanza y se aficionarían al teatro y las tertulias literarias.


Café de Fornos
Café de Fornos, 1908

Así, al filo de 1900, en el Café Madrid, el Café de Fornos, el Café Levante y otros enclaves de la noche bohemia madrileña tendrían la oportunidad de conocer a Valle-Inclán, Azorín, Baroja y Juan Ramón Jiménez. Era entonces la capital del reino una especie de sucedáneo de París a la española, punto de encuentro de artistas y escritores.

Aunque en aquellos tiempos no todo era modernidad. Manuel Machado dedicó una poesía al Madrid más vestusto y solemne, ese de calles empedradas y señoras que van a misa envueltas en una mantilla. Se trata del poema Madrid viejo:
Una plaza tranquila. Sol... Más de mediodía.
La blanca tapia de un convento... Una
fachada de palacio antiguo... Lerma... Osuna...
La seriedad del sitio corrige la alegría.

de la luz. Vana hierba entre las piedras crece.
Rejas -las viejas lanzas de los antepasados-
guardan los ventanales y balcones volados
del caserón antiguo, que tranquilo envejece.

Llegan las horas y las horas... Suena
una campana. Sale una mujer de luto.
Un mendigo la calle de un lado a otro pasa.

Es ciego. Su cayado en las losas resuena.
Un viejo de Ribera, avellanado, enjuto...
«Sea la paz de Dios en esta santa casa.»
Antonio cambiaría de residencia en los años siguientes. Soria, París, Baeza, Segovia... serían los escenarios de los acontecimientos más importantes de su vida, como sin duda lo fue el conocer a Leonor, desposarla y llorar su muerte. Pero cada año vuelve a Madrid para examinarse de Filosofía y Letras. Y ya en su última etapa en Segovia, viene cada fin de semana para estar con su familia y amigos.

Hacia 1931, Antonio obtuvo plaza como profesor en Madrid y regresó a la ciudad. Primero enseñó en el Instituto Calderón, y después en el Instituto Cervantes. En aquella época escribirían los Machado algunas de sus obras de teatro más conocidas, como La Lola se va a los puertos, El hombre que murió en la guerra y Amor al vuelo. De esta época cuenta su hermano José en sus memorias que cada domingo se reunían para intercambiar impresiones sobre trabajos en marcha e idear las tramas de sus obras de teatro, «entre el humo de cigarrillos y las inevitables tazas de café».

Así fue cada domingo hasta que estalló la Guerra Civil, que los separaría para siempre. Quiso la fortuna que Manuel se encontrara de viaje con su esposa en Burgos, zona nacional, y Antonio en Madrid, zona republicana. Manuel le dedicó un poema de alabanza al caudillo y cayó en gracia al régimen. Antonio no.

Miguel Pérez Ferrero relataba así la vida del escritor en estos primeros meses de la guerra:
Antonio Machado, con toda la familia que con él habita, permanece en Madrid los primeros tiempos. Apenas sí sale de casa. Puede decirse que no sale. Su pensamiento está, de seguro, con el hermano ausente, del que nada sabe, y en la incógnita que reservará cada minuto a transcurrir. A su domicilio le llevan papeles en blanco para llenarse con listas de firmas, al objeto de que él estampe, en cabeza, la suya valiosa.
Caen bombas como maldiciones sobre Madrid, y es entonces cuando Antonio publica el célebre serventesio que le ha procurado a nuestra ciudad uno de sus apelativos más conocidos:
¡Madrid, Madrid!, ¡qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas!
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes con plomo en las entrañas.
Esta situación durará tan solo unos meses, ya que las horas de Antonio en Madrid están contadas. En noviembre de 1936, se ve obligado a dejar la ciudad, muy a su pesar, según cuenta su hermano José:
En noviembre, el peligro inminente que se cierne sobre la invicta capital alcanza las más terribles proporciones. Entonces, amigos muy queridos y admirados por él —los dos poetas, León Felipe y Rafael Alberti— llaman a su puerta para tratar de convencerle cariñosamente de que debe alejarse de Madrid. En un principio se niega terminantemente a dejar a [sic] su querida ciudad; pero lo que le decide a partir es el imperativo moral —ya sabéis que su bondad era tan grande como su inteligencia— de poner a salvo a su anciana madre, a sus hermanos y a las niñas que hay en la casa, sus sobrinas, a las que quiere como un padre.
Antonio ya nunca volvería a Madrid. Se refugia en Valencia y Cataluña, para partir definitivamente al exilio en Francia a comienzos de 1939. Sin embargo, el poeta no olvidó esta ciudad, de la que escribió en la revista Hora de España:
Madrid, el frívolo Madrid nos reservaba la sorpresa de revelarnos, a tono con las circunstancias más trágicas de la vida española, toda la castiza grandeza de su pueblo. En los rostros madrileños, durante unos días de seriedad, vimos a España entera en su mejor retrato.

Madrid, frunciendo el ceño oportunamente, había eliminado al señorito y ya podía sonreír otra vez. El Enemigo —los traidores de dentro y los invasores de fuera— se iba poco a poco aproximando a Madrid. La aviación enemiga multiplicaba sus asesinatos monstruosos [...] No entraron. No podían entrar.

Manuel en cambio, se convertiría en el poeta oficial del nuevo régimen. Al término de la guerra regresa a la capital y sigue viviendo en su casa de la calle Churruca, que ya sería su residencia hasta su muerte en 1947.


Calle Churruca, 15
Calle Churruca, 15

A lo largo de su vida, llegaría a dirigir la Biblioteca Municipal, el Museo Municipal (hoy Biblioteca Histórica Municipal y Museo de Historia de Madrid, respectivamente) y también la Hemeroteca Municipal.

Créditos | Muchas de las anécdotas y citas bibliográficas de este artículo proceden del trabajo de José Antonio Serrano, La Obra poética de Antonio Machado.

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3 comentarios:

Blogger Vagamundo dijo...

Qué Madrid más inspirado fue aquél...
Además fue lo primero que conocí de la ciudad... ¡menuda impronta!
Luego el fratricidio nacional lo cambiaría todo para siempre.

11 de enero de 2012, 9:08  
Blogger piradaperdida dijo...

Háblanos más de cuando conociste la ciudad, me maravilla verla a través de otros ojos :)

11 de enero de 2012, 9:10  
Blogger Diego Fdez. Sández, autor teatral dijo...

En ese mismo edificio de la calle Churruca, y como vecinos de Manuel Machado, vivían Serafín Adame y Enrique Jardiel.

21 de julio de 2012, 17:09  

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